Demografía

El esplendor demográfico y económico de finales del Medievo y principios del XVI   

       Una vez restaurada la tranquilidad en la zona y después de iniciarse a partir del siglo XIII la repoblación y ordenación del territorio, Fuente Obejuna experimentó un proceso de incremento demográfico que culminó a finales del siglo XV cuando el municipio se convierte nada menos que en la encomienda mayor de la Orden de Calatrava con una población de 985 vecinos, la mayor de toda la Sierra de Córdoba por aquella fecha. Esta cifra se incrementó a 1.328 vecinos en 1530, como se refleja en el censo de pecheros de ese año.

        Tras la reconquista del territorio por los cristianos, la localidad de Bélmez se convirtió en cabecera de feligresía como ya hemos dicho, y en ella quedó incluida la zona de Fuente Obejuna sin unos límites bien definidos. En el siglo XV, en cambio, esta última localidad adquirió finalmente una cierta entidad poblacional, y, en consecuencia, pudo consolidar unos límites administrativos más precisos. Esto se produjo en la histórica fecha del 10 de febrero de 1485, cuando en la denominada Huerta de Fuenlabrada se reunieron los concejos de Fuente Obejuna y Bélmez para dividir y delimitar definitivamente sus términos.

        Pese a todo, estas poblaciones mantuvieron consuetudinariamente durante siglos el aprovechamiento en común de los pastos de la zona, de igual forma que ocurrió con el municipio de Espiel. De esta forma, la afluencia de ganaderos y agricultores comarcanos fue importante entre estos términos municipales, bien a través del arrendamiento de pastos a los concejos, el aprovechamiento en común de los mismos o bien incluso mediante la siembra de rozas periódicas.

        La normalización de la vida agraria del municipio y la recuperación económica trajo consigo la aparición progresiva durante la Baja Edad Media y los inicios de la Edad Moderna de numerosos cortijos o cortijadas que se constituyeron en la explotación agropecuaria por excelencia bien a iniciativa de campesinos libres o de las ricas familias de la nobleza asentadas en la cabecera municipal: es el caso de los Boza, Hinestrosa, Montenegro y Castillejo, entre otras, todas ellas establecidas en la localidad tras la Reconquista.Casa Marqueses de Valdeloro Siglo XVI. Foto: V.Moruno Procedentes de Galicia, Asturias o zonas de Castilla y León fundamentalmente, estas familias crearon con el tiempo extensos mayorazgos que originaron en torno suyo un hábitat marcadamente disperso en cortijos y cortijadas, sobre todo en la mitad meridional del municipio.
Algunos de estos cortijos, no obstante, parecen formarse, como ya hemos dicho, a partir de la iniciativa de campesinos libres que explotaron sus tierras en régimen comunal. A Collantes de Terán señala esta modalidad de repoblación fomentada por poderes concejiles y privilegios reales para el caso de los núcleos de La Granjuela, Los Blázquez y Valsequillo. También sabemos por un documento manuscrito del siglo pasado conservado en poder de los vecinos de la aldea de Cuenca, que este núcleo poblacional tuvo su origen en un cortijo creado hacia 1400 por campesinos libres que trabajaron desde entonces una extensa dehesa concejil en virtud de un antiguo privilegio real.

        Al siglo XV se remonta, al menos, la creación de la Puebla de la Posadilla, donde se asentó a finales del mismo siglo una población de origen judío que huyó a la Sierra de Córdoba después de la revuelta levantada contra ellos en 1472 en la capital cordobesa.

        En este movimiento repoblador de tierras antiguamente abandonadas también intervino el Cabildo Catedralicio de Córdoba y la Orden del Temple en virtud de las concesiones reales de tierras tras la reconquista. La primera institución poseía en Fuente Obejuna grandes propiedades a partir de las cuales se desarrollaron con el tiempo algunas casas de labor y cortijadas diversas: la Dehesa de los Mártires y la de Los Canónigos. Tradicionalmente, y en ambos casos, se trataba de terrenos dedicados al aprovechamiento agropecuario y explotados en régimen de arrendamiento por ganaderos trashumantes y labradores locales.

        En lo que respecta a la Orden del Temple, esta institución recibió algunos pagos de especial calidad situados en parajes particularmente atrayentes: la huerta y ermita de San Bartolomé, los llanos de La Coronada, cerca del Cerro de la Calaveruela, y en las cercanías del Cerro de los Mártires, en el borde meridional del municipio.

        El siglo XV estuvo presidido por notables acontecimientos históricos en torno a la jurisdicción de la villa y sus repercusiones consiguientes. En 1447 la villa es donada a Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, y en 1460 el rey Enrique IV la entrega como señorío a Pedro Girón, maestre de la Orden de Calatrava, quien la transfiere finalmente a su misma Orden mediante permuta en 1464 como consecuencia de las dificultades para controlar señorialmente la villa.

        Este privilegio señorial fue la última pérdida jurisdiccional que sufrió la ciudad de Córdoba tras varias sucesivas a lo largo de los siglos XIV y XV, lo que unido a los fuertes intereses de los miembros del concejo cordobés en la villa, provocó airados descontentos y supuso el inicio de sucesivos intentos de la capital por recuperar su antigua villa realenga. En este sentido, las dificultades sufridas por Gutierre de Sotomayor para ejercer el control jurisdiccional sobre Fuente Obejuna han de explicarse parcialmente como el resultado de la oposición suscitada en Córdoba contra su señorialización.

        La presencia en la villa del Comendador Mayor de la Orden de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán, que tomó posesión de la misma hacia 1468 o 1469 para convertirla en encomienda principal calatraveña, suscitó las iras de los vecinos, que protagonizaron contra él la famosa revuelta de 1476, inmortalizada por Lope de Vega en su obra teatral A Fuente OvejunaRepresentación de Fuenteovejuna. Agosto 2000. Foto M.Blanco y por Cristóbal de Monroy con una interpretación acorde con los gustos literarios del Siglo de Oro. La revuelta protagonizada por los melarienses contra el comendador en la madrugada del 22 al 23 de abril de 1476, que dio muerte al mismo, tuvo como una de sus principales bases la voluntad de Córdoba de recuperar el control jurisdiccional sobre el municipio, como se deduce del fracaso de las investigaciones llevadas a cabo por el juez enviado por los Reyes Católicos para investigar lo sucedido (los habitantes respondieron unánimemente a la pregunta de quién mató al Comendador con la respuesta ( ¡Fuenteovejuna! ) y del hecho de que a los pocos días de aquellos acontecimientos Juan de Berrio, alcalde mayor de Córdoba, tomara posesión de la villa en nombre de la ciudad y ésta volviera a la jurisdicción cordobesa.

        El levantamiento ha de inscribirse, no obstante, en un ámbito más amplio, regional y nacional. En este sentido, han de considerarse las circunstancias políticas del reino de Castilla que, desde el último tercio del siglo XIV, originaron numerosos privilegios señoriales en menoscabo de grandes concejos de realengo como Fuente Obejuna. Asimismo, hay que tener en cuenta otros movimientos antiseñoriales acontecidos en la villa en fechas anteriores como consecuencia del control jurisdiccional de la villa otorgado en 1450 a los Sotomayor de Belalcázar por el rey Juan II y el rechazo de los melarienses plasmado en la revuelta de 1453 apoyada por la ciudad de Córdoba.

        Y ha de ser inscrito también, cómo no, en el marco de la guerra civil castellana entre Juana la Beltraneja y los Reyes Católicos Isabel y Fernando, además de contar con las circunstancias de carácter local tales como la división del municipio con motivo de esa guerra, la enemistad que el comendador mayor de Calatrava se atrajo del cabildo catedralicio cordobés al retener el importe de las rentas decimales, la sentencia de excomunión que pesó sobre la villa como consecuencia de este hecho, las necesidades de la guerra, que movieron a Fernán Gómez a exigir una presión fiscal importante a los vecinos, y los siempre aducidos, -aunque aún no demostrados fehacientemente-, abusos que el comendador cometió con las mujeres de Fuente Obejuna.

        El pleito promovido posteriormente entre la Orden de Calatrava y la ciudad de Córdoba por la posesión de la villa finalizó definitivamente en septiembre de 1513 mediante la firma de una concordia por la que Fuente Obejuna quedó definitivamente ligada al alfoz cordobés a cambio de abonar la ciudad de Córdoba a la Orden una compensación económica.

Posteriormente en 1557 la villa fue vendida por el rey Carlos I al obispo cordobés Leopoldo de Austria por la cantidad de unos 100.000 ducados, quien la legaría a su hijo ilegítimo Maximiliano de Austria; donación ésta finalmente invalidada por no haberse satisfecho la cantidad expresada a causa de la muerte repentina del obispo en septiembre del mismo año. Quizás pensando ya en esta adquisición, el obispo donó a la parroquia de Fuente Obejuna numerosas joyas de orfebrería, entre las que se encontraba la espléndida y todavía existente Custodia Procesional.

        Fuente Obejuna fue desde el siglo XV y hasta el XVIII una villa próspera y codiciada como señorío, de ahí que se suscitaran también continuos pleitos jurisdiccionales entre la villa y la ciudad de Córdoba, que durante mucho tiempo pretendió convertirla en un anejo suyo incorporándola plenamente a su influencia y jurisdicción. De hecho, en el siglo XVII el concejo melariense pleiteó ante la Real Chancillería de Granada con el objetivo de romper los lazos de dependencia con Córdoba, ofreciendo a la Corona 24.000 ducados por el privilegio de exención. Si bien no logró una total emancipación, la villa consiguió, al menos, sus pretensiones de nombrar los oficiales del concejo sin la injerencia de la capital, quedando, en cualquier caso, palpables las aspiraciones seculares de Fuente Obejuna por constituirse en concejo autónomo dependientemente directamente del rey y desligado de la tutela de Córdoba o de cualquier jurisdicción señorial.

        El proceso de colonización de tierras se completó prácticamente a finales del siglo XV y mediados del XVI con la aparición de numerosas cortijadas distribuidas en el municipio con cierta regularidad por todo el municipio, pero más concentradas en la zona meridional y dejando amplios espacios despoblados en el Valle del Guadiato y algunos vallezuelos del norte que cayeron directamente bajo la atracción del populoso núcleo de Fuente Obejuna o de poblaciones cercanas gracias a la mayor facilidad de las comunicaciones y la orografía llana del territorio.

        Pero, a pesar de lo avanzado del movimiento repoblador y de la colonización agraria, estos núcleos fueron muy frágiles desde el punto de vista demográfico y tenían por lo general muy poca entidad poblacional. De esta forma, se convirtieron en poblaciones muy sensibles a los avatares demográficos de la época (pestes y epidemias), a las crisis de subsistencia o a los problemas coyunturales de la gran explotación de la que dependían muy estrechamente.

        Después de la práctica inexistencia de datos de población en el siglo XV, si exceptuamos la cifra de 985 vecinos para 1462 y la referencia a la despoblación del cortijo de Tolote a finales del siglo XV, entramos en el siglo XVI con un mayor número de datos demográficos que nos permite reconstruir la evolución poblacional de este período.

        El municipio desde finales del siglo XV hasta al menos 1571 experimenta un notable incremento demográfico que viene además confirmado por la mejora de la situación socioeconómica. Con este incremento demográfico sería fácil explicar también la proliferación y desarrollo de los cortijos, que, por lo demás, sufrieron posteriormente las consecuencias adversas del retroceso demográfico general a partir de aquella última fecha y durante el paréntesis de crisis demográficas y económicas del siglo XVII. El esplendor artístico y monumental de la época da buena fe de todo lo antedicho.

        Las primeras noticias sobre las aldeas o cortijos de Fuente Obejuna se obtienen del decreto episcopal del obispo Leopoldo de Austria de 24 de septiembre de 1549, por el que se erigieron ocho capellanías o parroquias que, posteriormente, unos veinte años después, fueron convenientemente dotadas y estabilizadas por el obispo Cristóbal de Rojas y Sandoval. Estos cortijos fueron objeto apostólico de un grupo de discípulos de San Juan de Ávila.

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