| La Prehistoria mellariense |
Con anterioridad a la importante fase de poblamiento que
siguió a la conquista y repoblación del municipio desde los siglos XIII al XV
nos encontramos con una dilatada etapa de ocupación humana que aún hoy día se
conoce muy mal por la escasez de investigaciones. De ellas se desprende
indudablemente la existencia de un poblamiento muy antiguo que se remonta al
Paleolítico Inferior y que se continúa prácticamente sin interrupción hasta
nuestros días.
El arqueólogo alemán Obermaier fue el primer investigador que reconoció
restos líticos del Paleolítico en algunos niveles de terrazamientos del arroyo
de San Pedro, en el Valle del Guadiato, y más recientemente se han detectado
yacimientos del mismo período en las inmediaciones de la Sierra de la Grana
(Finca de Prado Bermejo) y en las cercanías de la aldea de Cardenchosa, si bien
pueden tratarse de supervivencias de técnicas paleolíticas y toscas en
talleres que han de fecharse en épocas más modernas. El Paleolítico Medio
parece estar presente en las inmediaciones del cerro de Masatrigo, donde se han
encontrado lascas de cuarcitas.
En fechas anteriores a la configuración del poblamiento
protohistórico ibérico, encontramos un poblamiento de la Edad del Bronce que
sufrió las influencias orientales que conformaron en el SE, peninsular la
llamada ACultura de los Millares. De esta última época quedan los restos de
los poblados del Cerro de los Castillejos y La Calaveruela de La Coronada, donde
sus habitantes vivían en chozas modestas cubiertas probablemente de ramajes y
juncos de los arroyos. Estos hallazgos, de igual forma que los túmulos
dolménicos
espectaculares de las fincas de Los Delgados y la Sierrezuela, en el SW. del
municipio, constatan la existencia de un hábitat fechable hacia el segundo
milenio a.C., o sea, a comienzos de la Edad del Bronce, e incluso contamos con
materiales fechables en el Eneolítico. Se trataba en aquel caso de un pueblo
esencialmente minero que explotaba el cobre de algunas minas del término como
la hallada en el Cerro de la Loba, también en el Valle del Guadiato.
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